El aceite de maní es uno de los aceites vegetales más demandados en los mercados globales, especialmente en América Latina, donde su sabor característico y alto punto de humo lo convierten en un producto preferido para consumidores y empresas procesadoras. Para Grupo Penguin, la estandarización de cada etapa del proceso de producción es la clave para obtener un aceite de calidad de exportación que cumpla con normativas internacionales como ISO y HACCP.
Todo aceite de alta calidad empieza por la selección de las semillas de maní. Solo se eligen granos enteros, sin daños por plagas ni humedad excesiva, descartando aquellas semillas que presenten moho o contaminación. Posteriormente se realiza la limpieza para eliminar impurezas como piedras, polvo y cáscaras residuales, seguido del pelado y descascarado para reducir el contenido de cenizas en el producto final.
El ajuste de humedad es un paso fundamental del pretratamiento que muchos productores pasan por alto. Para el prensado en frío, el rango óptimo de humedad de la materia prima es entre 7% y 9%. Si la humedad es demasiado alta, se incrementa la acidez del aceite; si es demasiado baja, los residuos retienen más aceite, reduciendo el rendimiento.
A diferencia del prensado en caliente, el prensado en frío se realiza a temperaturas inferiores a 60 °C, lo que permite conservar más nutrientes naturales (como vitamina E y fitoesteroles) y el aroma original del maní. Para la producción industrial, el control preciso de la temperatura de la prensa es clave: nuestros datos de producción muestran que al mantener la temperatura entre 45 °C y 50 °C, se obtiene un equilibrio perfecto entre rendimiento y calidad.
Una planta productora de aceite de maní de Argentina aumentó el rendimiento de extracción en un 11.2% después de optimizar el control de humedad y temperatura del prensado, según datos medidos en 3 meses de producción estandarizada. Además, la tasa de aprobación de inspecciones para exportación aumentó de 89% a 98%.
Después del prensado, el aceite crudo contiene partículas sólidas residuales, fósforo y ácidos grasos libres que afectan su vida útil y apariencia. El proceso de refinación incluye desgomado, neutralizado, blanqueo y desodorización, cada etapa con parámetros estandarizados para garantizar el cumplimiento de normativas de importación de diferentes mercados.
La filtración final con tierras de diatomeas o membranas cerámicas elimina las impurezas finas, dando al aceite una apariencia transparente y estable. Para aceite de maní de nivel de exportación, el contenido de impurezas debe ser inferior a 0.05% para cumplir con los requisitos de aduana y distribución.
Tres parámetros determinan el rendimiento y la calidad del producto final: temperatura de prensado, humedad de la materia prima y contenido de aceite en los residuos. Muchas plantas tienen un contenido de aceite en residuos de entre 6% y 8%, pero con ajustes de proceso, se puede reducir a menos de 4%, lo que representa un aumento de más del 10% en el rendimiento total.
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